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viernes 15 diciembre 2017
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El soberano ante el desastre

El soberano ante el desastre

Mons. Ovidio Pérez Morales/El Nacional

El régimen, a través de su fiel Consejo Nacional Electoral, lleva a elecciones municipales en diciembre con la dinámica fraudulenta semejante a la de los comicios para gobernadores.

No sólo eso, esta dictadura socialista actúa en todo apoyándose en la pretendida omnipotencia de la ilegítima asamblea nacional constituyente, confeccionada al margen y contra la Constitución y convertida en “hacelotodo” en su proceso hacia un Estado comunista.

De acuerdo con la lógica oficial, las elecciones presidenciales del próximo año -si la ANC no decide inventar un sucedáneo para que el presidente alargue su período de gobierno- llevarían el mismo sello de sorpresas tramposas y procedimientos arbitrarios para asegurar la continuidad del régimen.

El gobierno ha sido muy eficaz en destruir el país en todos los órdenes y en cerrar progresivamente la tenaza totalitaria. Basta hacer cortes verticales en la línea del tiempo para percibirlo claramente.

La oposición ha carecido en buena medida de lucidez (en casos de coraje y honradez) para identificar al que se tiene enfrente. Ha sobrado ingenuidad o superficialidad, así como también terminología ambigua para llamar las cosas por su nombre. Lo cual se ha reflejado en estrategias equivocadas y en el modo de abordar “diálogos” y “negociaciones”. La fiera es fiera, no animal doméstico.

Más de una vez he propuesto, y ahora lo planteo como un grito, que, dado el desastre del país y las ominosas perspectivas, lo que urge en este momento, como apertura a una solución efectiva de la gravísima crisis, es apelar al soberano. Pero al soberano de verdad (CRBV 5), no a una caricatura o selección sectaria poblacional, como la que produjo la integración de la ANC.

Se debe repetir y subrayar que el soberano -ciudadanía global- es el único poder originario, total, constituyente y supraconstitucional en una comunidad política (pueblo, nación, república…). Al él y sólo a él le corresponde en última e inapelable instancia definir la constitución del Estado, la forma de gobierno, la normativa constitucional. Y concretando cosas: el destino de Venezuela como país. Y el soberano tiene que expresarse todo él, de allí que su decisión (voto) tiene que ser libre, transparente, universal. Un referéndum, una votación sin maquillajes ni triquiñuelas.

¿Un régimen o un sector político presumen de tener apoyo popular? ¡Apélese al pueblo soberano! ¿Por qué temerle? Que este decida si quiere o no al actual régimen, una genuina constituyente u otras cosas de calibre semejante.

El país no soporta más su debacle económica, política y ético-cultural. El hambre y la muerte culpables, la incertidumbre y la angustia inducidas. Basta ya de que el interés predominante sea la conservación del poder, no la suerte de la gente. Stalin causó una hambruna con 20 millones de muertos, e incontables fueron las víctimas chinas de la “Revolución cultural”.

Fundamental para esta consulta al soberano es el respaldo internacional (ONU, OEA, UE…), que supervise el proceso de votación y garantice el respeto del resultado. Para lo cual deberá integrarse un árbitro verdaderamente imparcial.

La oposición, presionada-complementada por la sociedad civil organizada, ha de superar sectarismos, maniobras personalistas debajo de la mesa, visiones cortoplacistas. Y recordar: es mejor ser cola de león que cabeza de ratón.

Last but not least. La Fuerza Armada (que debe recuperar lo de nacional y bolivariana) debe cuadrarse con la nación y no con la persona del presidente y el partido de gobierno. No temo decir que ella es la culpable principal de la actual crisis nacional, porque tiene las armas y las emplea no al servicio de la República y la Constitución, sino de este régimen destructor, opresor. Más allá de los altos mandos, Venezuela espera por el patriotismo de la gran mayoría de los ciudadanos en armas. Los artículos 323 y 350 de la CRBV interpelan a los militares antes que a otros.

 

¿El soberano es el poder originario constituyente? ¡Que lo ejerza!




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