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lunes 20 noviembre 2017
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Gobiernos de a dos: aterradora señal

Gobiernos de a dos: aterradora señal

Miguel Bahachille M. / El Universal

Nunca como ahora la sociedad venezolana se ha debatido entre la incertidumbre y el desconcierto. La gente no sabe cómo conducirse porque desconoce cuál es el orden constitucional que lo rige. El limbo jurídico y social inducido por un grupo de fachendosos ha causado la peor crisis institucional de los últimos 100 años. La actual jefatura del Estado no se cultivó para gerenciar, pero sí para tutelar el poder envuelto en una ficción que lleva 18 años fabricando crisis. El vecino vive zarandeado entre divagaciones políticas y económicas mientras la República subsiste bajo el feudo de los mismos fanáticos que falsearon la labor asociativa del Estado. Veamos:

Dos tribunales supremos de justicia. Dos parlamentos. Dos fiscales generales de la República. Dos defensores del pueblo. Dos gobernadores de estados, uno electo y el otro artificioso bajo “el sortilegio de protector”. Dos fuerzas armadas, la tradicional y la inventada (La Milicia). Para no perder la línea, algunos exigen ahora el nombramiento de otro CNE, para también tener dos.

Pero las contradicciones no cesan. Chávez divulgaba a gritos que la Constitución promulgada en el 2000, por su carácter progresivo, se convertía en “la mejor del mundo”, razón por la cual debería “perdurar eternamente”. Hincado en puro “bla bla” y en una accidental popularidad, actuó con displicencia para hacer con la República lo que le viniera en ganas. Ahora los sucesores, además del pujo por revocarla, se esmeran para que el ciudadano ceda ante la tradicional representación cívica y agache la cabeza frente a una cúpula azarosa y corrompida que insiste en duplicar, a veces triplicar “a gusto”, las legítimas funciones de cada entidad estatal.

Asumamos tres muestras. 1) A La Asamblea Nacional legitimada por más de 14 millones de votos se le encaramó otra “a la brava” forzada por una rebatiña con supuestos poderes supraconstitucionales. 2) A los gobernadores de oposición electos mediante el sufragio directo se les exigió juramentarse ante una apócrifa montonera legislativa y, mientras lo hacían, les yuxtaponían a la par “gobiernos paralelos”, escogidos por el presidente bajo el eufemismo de “Protectores”. 3) Lo mismo ocurrió con los miembros del TSJ designados por la legítima Asamblea. Ahora están en el exilio forzoso mientras un grupo de oficialistas del otro tribunal supremo “imparte justicia a su entender”.

El país ha entrado en una especie de “Nasserismo tropical”, conducido por una cúpula militar que nada entiende de juicios civiles ni de modos democráticos para integrarse a la modernidad. La agresividad revelada por cuerpos militares contra protestas lícitas, arrogándose tareas del ámbito civil, así lo confirma. Nasserismo: corriente oficial con rasgos autoritarios y hegemónicos en países tercermundistas nacida en Egipto (1952) de manos de Gamal Abdel Nasser. Mientras la oficialidad nasserista, revolucionaria y socialista intentaba agregar forzosamente tenores castrenses al mundo civil, Egipto se arruinaba social y económicamente.

 

Volviendo a Venezuela. El régimen escoge “a gusto” y despóticamente sus histriones para conformar un “Estado propio” desviado de la tradicional esencia liberal del venezolano. Poco importa el irrespeto al ciudadano y la carencia de atributos democráticos tradicionales, tampoco el desacato a la ley ni a refrendados convenios internacionales. Bajo dirección cubana se ha instituido una estructura estatal pícara sitiadora de todo intento democrático. ¿A quiénes representan los constituyentistas colocados allí a dedo? Lo mismo ocurre con las designaciones del Fiscal General, Defensor del Pueblo y demás miembros del estamento gubernamental del Estado. Se privilegian el personalismo y militarismo por encima de la articulación urbana congruente con las pautas democráticas. Aterradora señal para un país cuya civilidad se torpedea a diario para imponer un esquema autoritario y represivo de carácter nasserista.

 

 




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