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lunes 20 noviembre 2017
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¡El líder que no debe ser!

¡El líder que no debe ser!

Lcdo. Douglas Marval (*)

Es un tema viejo del cual se ha escrito muchísimo, pero ahora lo tocaré yo desde mi perspectiva. Me colocaré nuevamente mi traje de venezolano, con el escudo de las letras y la lanza de mi lápiz. Analizarlo es algo engorroso y se podría decir que hasta necio. Los “buenos” ejemplos son los que se deberían seguir, pero la humanidad se ha dado a la tarea en seguir los malos. Trasladémonos imaginariamente a través de la historia, como devolviendo un disco de “pasta” acetato de 32 ½ RPM y haciéndolo girar rápidamente en sentido antirreloj en un plato mk-2 (de la periferia al centro), escuchando el desagradable sonido de la aguja al hacerlo. Desde ese mal paso al morder una manzana (por culpa de una culebra o de Eva), pasando por la traición a Cristo (por culpa del beso de Judas), Napoleón en Waterloo (por error de su mala visión en torno a la geopolítica), siguiendo por conflictos trágicos con saldos lamentables para el mundo (por no ponerse de acuerdo) y muchos eventos tristes más, donde la sociedad mundial es la única perdedora. Nos internamos en el siglo XX, donde brotaron personajes de la talla como Adolf Hitler y Josef Stalin o guías espirituales como Charles Mason con su secta diabólica “La Familia”. Y qué decir de líderes que han abonado el camino al fanatismo adentrándolo al fundamentalismo enfermo. Y esto es sólo la punta del iceberg.

Todos tienen una particularidad: tienen seguidores con un “mal líder” como cabecilla y un mal desenlace. La historia está allí, no la inventamos. Ahora dejamos de posar el dedo índice en el acetato y soltémoslo para que el Long Play siga su verdadero camino y escuchemos una agradable canción de su preferencia.

Es por eso que las drogas se “colaron” erigiéndose como líderes inusuales que no tienen forma humana pero se han apoderado del alma y de la mente de muchos humanos. Diría también que la WEB se está convirtiendo en un mal ejemplo, pero por su mal manejo. Es otro falso liderazgo. Le sumaría a eso “el poder y el dinero”. O llegar a apostar a lo inexistente, porque no hayan en quién creer. Crean el liderazgo de una imagen de yeso en forma de “malandro” pidiéndole favores para que haga milagros en el plano terrestre. Reviven una antitesis de lo que no debe ser. Obviando el único liderazgo existente: Cristo

Paseándonos por la historia, llegamos a nuestros tiempos actuales. Ya no es un disco acetato LP (…) ahora nos posamos en un archivo para PC en formato MP3 para Adobe Audition 6.0 o en FL 1 Studio para ecualizarlo o mejorarlo. Nos posaremos en lo contemporáneo o más reciente. Hago una salvedad e hincapié para continuar: Creo que los que tenemos criterios propio podemos aceptar de adultos el concepto de este artículo sin descontextualizarlo ni tergiversarlo con el cerebro más pequeño que es el “reptil”, para así atacar a la “razón”. O sea, esto no es para fanáticos sino para gente inteligente como usted que sabe analizar y tienen la cabeza en su cuello y no permiten que nadie piense por ustedes ¡porsia algún “sesudo”! El fanatismo atonta el cerebro.

No se puede creer en líderes falsos que no te representen, o lo que es lo mismo, “no te sientas representado” (…) Un líder no se erige de ser el “más hablado o locuaz” o el que prometa más. Un líder no se erige ofendiendo ni alienando para mal, haciendo que sus seguidores “ataquen” al estilo zombie al que piensa diferente. Un líder debe pensar igual o mejor que sus seguidores y si es al contrario, entonces comienza la confrontación. La novela titulada “La Divina Comedia”, de Dante Alighieri, decía, ya al final de su narrativa, que la última etapa del infierno está reservada, según Alighieri, para los políticos y los líderes falsos. Un liderazgo no puede confundir “adversario” con “enemigo”. Un líder no puede engañar a sus seguidores. La metamorfosis de “liderazgos pasajeros” deja mucho qué desear. El comportamiento, las acciones, las bajas declaraciones vacías, la prepotencia por el poder los caracteriza. Hay en la escena, gente que necesita bañarse de humildad, de tener una mínima formación. De tener el don de unir y ser el cemento que una a los ladrillos. De líderes que sean guías y ejemplos (…) algo utópico pero bueno.

John Lennon en una de sus míticas canciones decía: “No creo en Vietnam, no creo en Kissinger, no creo en Kennedy ni en Mao (….) sólo Yoko y yo. (….) No creo en los líderes, no creo en ellos (….) sólo Yoko y yo. Fue su rebeldía, porque creía en la paz y los líderes de esa época hacían lo contario. Puede cantarlo usted ahora y le coloca los nombres actuales.

No se puede seguir a lo malo. ¿Qué sí yo creo en líderes? ¡Claro!….. En Cristo, Gandhi, Martin Luther King (…) en mi señora madre. Un líder pauta el camino a seguir con sus conocimientos, con sus buenos pensamientos.

Es que los humanos somos una caja de Pandora. El poder es como las drogas y el dinero. Hace, quien lo posea, sufrir de una metamorfosis increíble. Es un coctel explosivo. La historia tiene muchos ejemplos de ellos. Un líder se gana el cariño de su gente. La “no identificación” con alguien en el poder, con un proyecto o ideal o por su forma de llevar el timón no es motivo para ser satanizado. Lo dogmático tratando de sustituir lo pragmático.

Las palabras deben ir acompañadas por los hechos. He visto, escuchado y seguido de cerca a líderes (si se le pueden llamar así para no colocarle adjetivos) que dejan mucho que desear que ni siquiera el beneficio de la duda se le pueda otorgar. A veces me dan pena ajena, ver sus acciones, lo que esgrimen, sus declaraciones, sus “caradurismos”. Y lo triste, envuelven y consiguen adeptos. Piensan que se las están comiendo y creen que somos tontos.

Esto es para las personas que están en el escenario y para que aprendan a ser personas, ser guías. Para que aprendan a no mentir. Invitándolos para que sean respetuosos hasta consigo mismo. Repito, a veces dan pena ajena y siguen con sus andanadas porque nadie se los dice. Ojalá este sea un “jalón” de oreja.

He visto con preocupación como la dignidad de una persona es pisoteada por algún superior llegando a la vejación. Y lo más triste, la víctima le gusta ese trato (síndrome de Estocolmo). No se puede confundir jefe con líder ni viceversa. El próximo encuentro desarrollaré un tema titulado: “Perder los libros: antihéroes”

A veces creo que nuestros ¿líderes? se les olvida que son de carne y huesos y mortales. Para concluir y ya que hablamos de verdaderos líderes de la historia, Albert Einstein le dijo a un ateo: “Si usted tiene razón y no hay nada después de la muerte, al morir yo, no perderé nada. Pero si yo tengo la razón y existe Dios, usted al morir estará en serios problemas y yo no perderé nada. En ambos casos no sufriré consecuencias”… ¡Por allí nos vemos!

(*) Periodista

Mención Desarrollo Social

CNP: 18.896

0412 5368525

 




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