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jueves 19 octubre 2017
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En Agenda Reacciones post 30-J

En Agenda Reacciones post 30-J

Osmel Ramos

Conocidos los resultados electorales se impone una necesaria evaluación de los mismos desde el punto de vista cuantitativo y desde la perspectiva cualitativa, dejando para una próxima oportunidad el análisis estadístico comparativo y enfocando esta agenda a iniciales consideraciones políticas.

Como era de esperar, el evento constituyente provocó evaluaciones opuestas desde los extremos de la polarización. La oposición nacional e internacional, además del discutible alegato de inconstitucionalidad repitió el manoseado grito de “fraude”, sin el aporte de argumentos probatorio serios, ratificándose así que dicha descalificación responde más a una pose política que a una realidad.

Quizás el nuevo componente de la acusación es que el aspecto mediáticamente más manipulado es que ahora el acusador no es un vocero nacional de la MUD, sino un director ejecutivo de la empresa proveedora de los equipos de votación que, sospechosamente, fundamenta su temeraria acusación en subjetivos razonamientos, como que no había testigos de la oposición -que se negó a participar- pero callando que además de la participación de Smartmatic en las auditorías de todas las fases previas al acto de votación (que validó y certificó), para proceder a la totalización del escrutinio era necesaria la activación de un código, parte del cual lo tenía el representante de la empresa. Por otra parte, en el supuesto de ser válida esta sospecha -más que acusación- entonces la empresa quedaría totalmente descalificada tecnológicamente, y también, se podrían poner en dudas los resultados del 6-D ampliamente favorables a la MUD, así como los polémicos resultados de las dos últimas elecciones presidenciales de EE.UU.; además, si el sistema no es confiable, ¿Cómo explicar el triunfo opositor en una de las mas importantes gobernaciones (Miranda) y en más de cien alcaldías del país?, ¿Para qué participar en las próximas regionales y municipales?, pero sobre todo, ¿Cómo se permitió a la MUD obtener la mayoría calificada en la Asamblea Nacional?

Por el lado del oficialismo el optimismo es evidente, mucho más justificado y sincero que el de la MUD, pero no debe exagerarse y actuar como si se hubiese ganado la batalla final, porque una lectura detallada de los resultados permite detectar ciertas debilidades que necesitan ser analizadas y corregidas. Además de la muestra de concurridos y emblemáticos centros capitalinos de votación ofrecida por la TV gubernamental, me consta que en Puerto Cabello, al menos en tres puntos, pude constatar una afluencia de votantes graneada pero fluida y permanente, similar a la de anteriores eventos con significativa participación electoral, lo que unido a la numerosa participación popular en el simulacro del 16-J son razones para aceptar y no para dudar de la validez de los resultados ofrecidos por el CNE, por lo que en cualquier análisis a realizar por oficialistas u opositores de los resultados del 30-J en miras de futuras estrategias, se debería tener muy en cuenta que, al igual que el 6-J, funcionó otro voto castigo, pero ahora contra la violencia y el odio, contra el terrorismo, contra los que después del 6-J no supieron dar respuesta a los problemas vivenciales de sus votantes y se dedicaron sólo a sus planes políticos de derrocar a Maduro, voto castigo contra los que buscan una intervención militar extranjera y descaradamente apoyan la grosera injerencia política de otros gobiernos.

Sin dudas el oficialismo recuperó numéricamente parte de su potencial electoral, pero no deben dejarse encandilar por la euforia y creer que esos ocho millones y pico de votos son un cheque en blanco y un incondicional apoyo a la gestión de gobierno y a los diferentes grupos de poder del partido oficialista. La siempre recomendable prudencia en política y la conveniencia de planificar siempre a partir del escenario más adverso, aconseja aceptar como referencia obligada que la votación oficialista recuperada, además de tener un importante componente de voto castigo para la oposición, es un claro mensaje de exigencia de rectificación para superar la crisis económica, para acabar con la nefasta solidaridad política automática que ha servido para amparar la corrupción mayor; que se demuestre en hechos la real autonomía de las ramas del poder público necesaria para combatir la impunidad ante las diferentes formas delictivas a nivel de la administración pública y de las acciones privadas que se traducen en inseguridad colectiva, especialmente para los sectores sociales que no poseen fortunas; una exigencia al gobierno para que le ponga un “parao” estructural y penal a la especulación. Estas son algunas de las aristas del gran cubo de esperanzas que sigue alimentando a la bien administrada paciencia popular que hasta ahora ha permitido sofocar la posibilidad de un sangriento conflicto social de gran envergadura.

 

Pensamiento. –

“Justicia tardía no es justicia”.

Máxima jurídica




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