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viernes 15 diciembre 2017
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Es lo que hay

Es lo que hay

Elides J. Rojas L. / El Universal

18 años y dos meses de revolución bolivariana. Lo que está hecho es lo que es. No hay nada qué inventar. No habrá nada nuevo. No habrá cambios en las políticas. No importa lo malo que sean ni las consecuencias negativas que la gestión vaya generando en el camino. Como están se quedan. No importa la protestadera. No importa el descontento de la gente. No importa el trabajo que haga la oposición para forzar modificaciones o cambios totales. No importa nada.

 

Ya se sabe, entonces, que la economía seguirá igual con claro rumbo a peor. Las instituciones en general seguirán bajo el mandato directo del Ejecutivo. Ya se sabe que los poderes públicos son parte del gobierno y a sus órdenes. Todo eso se sabe. Está clarísimo que no hay ni habrá separación de poderes. Muy claro también que no habrá elecciones mientras los jefes del chavismo sepan que van a perder, como en efecto ocurrirá si se ven forzados a medirse. Está muy claro también que hay al frente un gobierno militar que no respeta leyes, Constitución ni Derechos Humanos y por eso entra en una categoría en la que es calificado de dictatorial interna y externamente.

 

Nada de eso cambiará. No con este gobierno. Y las huellas son profundas. Así que tampoco será fácil que las cosas cambien rápidamente y se note. Hay, sin duda, un gran trabajo por delante. Se trata de la reconstrucción del país y tomará al menos una generación. No obstante hay cosas que con toda seguridad cambiarían de manera inmediata. Por ejemplo. No hay una sola instancia del gobierno que funcione. Todos los altos funcionarios hacen exactamente lo contrario de sus obligaciones originales. El presidente baila muy bien y habla mucho, pero no fue electo para eso. El vice no baila ni habla, pero su gestión hasta ahora es decorativa. La canciller representa a una diplomacia comunista que pelea con medio mundo. La máxima autoridad económica del país como pueden ser la vicepresidencia del ramo y el BCV, pues no necesita mayores explicaciones de cómo van las cosas. Todo se reduce a un país quebrado, casi que paralizado.

 

Pero veamos en más detalles. El Ministerio del Poder Popular para Producción Agrícola y Tierras, no produce ni deja producir ni siquiera comida para gallinas. Lo mismo pasa con el de Pesca y la Acuicultura. Y eso de Agricultura Urbana fue y es una comiquita completa. Otro que se dedicó a importar ante la inoperancia es el Ministerio para la Alimentación. El de la Cultura hace propaganda y el de la Defensa defiende al gobierno. Ver con detenimiento el avance de Guyana dará una idea. La Economía Productiva es una coba enorme. Y en la Educación ya ni clases hay, tampoco reprobados. En Ciencia y Tecnología, no se genera ni un yoyo electrónico. El Ministerio para la Energía Eléctrica produce unos apagones maravillosos y el de Industrias trabaja con empresas quebradas, subsidiadas por un gobierno quebrado. En cuanto al Comercio Exterior e Inversión Extranjera, no se rían por favor. No es para tanto. Sobre Planificación lo único que se planifica aquí son los programas de televisión de Maduro y cuándo llegan los barcos con la comida importada. El de petróleo y Minería trabaja seriamente en bajar la producción, como única manera de proteger los precios. Y el de Pueblos Indígenas no le importa que ni siquiera tengan representación legislativa los de Amazonas. El Ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, es muy bueno repartiendo palos e inventando planes de seguridad que no funcionan. El de Salud es otra burla a los ciudadanos. Ni hablar del Servicio penitenciario, nido de pranes, negocios y masacres. El Ministerio del Poder Popular para Transporte y Obras Públicas, ha logrado una impresionante colección de huecos y vías en situación de emergencia que lo ponen a competir con el de Ecosocialismo y Aguas. El de Fronteras es especialista en cerrarlas y detener el flujo natural de esa zona clave para cualquier país. Y Distrito Federal, Caracas, es la joya de la corona en gestión y logros. Y no hemos mencionado el hambre. Para nada.

 

Por eso hay marchas. Por eso hay protestas. No por un asunto de izquierda o derechas. Eso pasó de moda hace mucho tiempo. El asunto es de gestión, calidad de vida y futuro de todo un país. Y, como se dijo, está claro que todo va para peor. Es lo que hay.




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