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viernes 15 diciembre 2017
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Argenis Salazar se sembró en el corazón de los porteños

Argenis Salazar se sembró en el corazón de los porteños

Francisco Chirinos /Fotos: Gabriel Silva/Cortesía

El pasado Jueves Santo fue sepultado Argenis Salazar en una de las manifestaciones de duelo popular de las pocas que ha dado el pueblo porteño en los últimos años. No era para menos. La gente estaba despidiendo a un locutor que tocó la fibra más sensible de sus oyentes, siempre una porción mayoritaria de quienes tienen el hábito de “oír la radio.”

Porque el primer lugar de sintonía siempre persiguió “al hijo de Teresa” lo mismo que al “Purrungo” o al hombre que sólo obtuvo “el sexto grado nocturno, con el maestro “Cacha é Palo”, todos personajes creados por él para definirse frente a un sector al que siempre le fue fiel: sus oyentes.

Cuando Argenis J. Salazar -así iniciaba y despedía sus programas iniciales en Ondas del Mar- llegó a Puerto Cabello, en el año 1972, inició una carrera intensa en la emisora de la Bolívar. Una radio nueva que pretendía competir, por el primer lugar, con dos monstruos: Radio Mil, en el entonces municipio Morón del distrito Puerto Cabello, y Radio Puerto Cabello.

Al cabo de 10 años lo logró. Frente a la supremacía de Radio Mil, “La que no duerme”, Salazar grabó un jingle desafiante para informar que, a partir de ese momento, Ondas del Mar empezaba a transmitir las 24 horas: “¡Y a dormir las que no duermen!” Demás está decir que el primer lugar de sintonía de Ondas del Mar, durante la década de los 80 y los primeros años 90, fue contundente.

En ese período de 15 años Argenis pasó de ser el moderador del Cafecito Caliente, inicialmente un programa de una hora, a ser el rey de las mañanas como conductor de un maratónico donde entrevistaba, complacía, comentaba y se reía de sí mismo, siempre con la sintonía del pueblo.

Cuando le tocó salir de Ondas del Mar, a finales de los 90, ya Argenis Salazar tenía una gran competencia: el Cafecito Caliente, tan famoso, agudo, bullanguero y escuchado como él. Ya no podía, ni que quisiera, independizarse, y así lo entendió. Cuando pasa a formar parte del staff de Radio Puerto Cabello un jingle cantaba: “Argenis Salazar es Ca fe ci to Caliente, se está colan do.”

 

Sembrado aquí

La trayectoria de Argenis Salazar nunca declinó. Desde que fue punta de lanza en la conquista del primer lugar de Ondas del Mar, hasta el pasado martes cuando despidió el programa con música de Semana Santa, en Radio Puerto Cabello, fue conductor de programas románticos, de música venezolana, voz de la estación, narrador de noticias y comentarista en transmisiones deportivas.

Su proyección en las masas lo llevó a ser concejal dos veces y candidato a la alcaldía, primero como independiente por Copei y luego con su propio grupo electoral, ¿cuál otro podría ser? CAFE. Ahora la voz se había apagado. El Martes Santo se despidió de Karina Plasencia, de su compañero de siempre Edgar “Smail” Chirinos y de Pedro Quero, también de su audiencia.

En la radio les dijo: “Mañana no voy a hacer el programa pero vengo, me verán en Puerto Cabello.” Esa noche, pasadas las 8:30, un infarto fulminante lo sorprendió en el baño de su apartamento. Cuando Libia, su mujer de los últimos 33 años, entró, lo encontró aún de pie pero adolorido por la muerte. La miró y se desvaneció en sus brazos.

Dos días después, la mañana lluviosa de Jueves Santo, en el bulevar de su casa, Radio Puerto Cabello, Libia le cantaba, con el llanto de un mariachi, su Amor Eterno. Gente de radio, dirigentes políticos, sociales, empresarios y mucho pueblo hicieron silencio. Un silencio congojas para sembrar a Argenis Salazar, quien antes de su muerte física ya estaba sembrado en el corazón del pueblo.

 

Todavía suena

El alcalde Juan Carlos Betancourt cree que será difícil llenar el vacío que en la radio dejó Argenis Salazar. “Todavía lo escucho, tengo sus audios. Se perdió un hombre de impacto, noble, sincero, político, amigo de los amigos. Su pérdida hace un hueco muy profundo, era un hombre con virtudes y defectos, pero buena gente. Va a ser muy difícil, sin faltarle el respeto a otros locutores, sustituirlo: el atrevimiento que tenía ese hombre.

 




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